LO MEJOR DE ANTHONY DE MELLO (2da. parte)

 
 
FELICIDAD

 

Que se alegren los que se acogen a ti con júbilo perpetuo, que se regocijen contigo los que aman tu nombre.

Sal 5, 12

 

Pensamientos

 

Mira dentro de ti, entiende que existe un generoso reino de felicidad autosuficiente. Tú no lo habías encontrado antes dentro de ti, porque tu atención estaba volcada hacia las cosas en que crees, o hacia tus ilusiones con respecto al mundo.

Necesidades emocionales para conseguir la felicidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que tienes en ti todos los elementos para ser feliz.

Pon tu felicidad en la vida y te darás cuenta de que, cuando quedas libre, es cuando eres capaz de amar.

Alimenta este valiente sentimiento. Tú alcanzaste la felicidad. ¿Consigues sentirla?

"La felicidad no está en lo que yo poseo sino en lo que soy". Tu yo es el que necesita ser. ¿Puedes verlo? Esta es la fe verdadera.

La felicidad y el amor van juntos pero no producen emociones, ni excitación, porque esto es enemigo de la felicidad. Tampoco producen aburrimiento, porque la felicidad nunca harta cuando es, de verdad, felicidad.

La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. Si deseamos ser felices, podemos serlo inmediatamente, porque la felicidad está en el momento presente. Aun así, si deseamos ser más felices de lo que somos, o más felices que los otros, tenemos los atributos de una persona infeliz, porque las felicidades no se pueden comparar. Ese tipo de deseo es insaciable. Podemos ser tan felices como lo somos, y no podemos nunca medir cuán felices son los otros.

Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad.

La felicidad no tiene causa. Cuando nada pueda herirte, ninguna persona, ningún acontecimiento, nada, entonces serás feliz.

¿Qué hacer para ser feliz? ¡Nada! No se hace nada. Es necesario desprenderse de las cosas. De la ilusión. De las ideas erróneas.

Nuestra felicidad o infelicidad dependen más de la manera por la cual percibimos y nos enfrentamos con los acontecimientos, que de la propia naturaleza de éstos. Si no te está gustando tu vida, hay algo radicalmente erróneo en ti.

Todos somos necesarios. El valor para tener en cuenta es ser feliz y buscar tu sitio en la vida.

Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido.

 

  Ejercicios

 

• Intenta decir: "¡Qué suerte tengo! ¡Qué agradecido estoy!" ¿Sa­bes una cosa? Es imposible estar agradecido y no ser feliz.

• Piensa en los acontecimientos del pasado, agradables o no. Y di: "¡Me hicieron bien, fueron buenos!" Piensa en las cosas que te pasan y di: "Está bien, está bien…" Piensa en el futuro y di: "Será bueno, será bueno…"

Y ve lo que acontecerá. La fe se transformará en alegría. La fe de que todo está en las manos de Dios y de que todo redunda­rá en felicidad para nosotros.

 

Reflexiones

 

• Todas las barreras que nos impiden alcanzar la felicidad son autoimpuestas. ¿Cuáles son las tuyas?

• Recuerda, reflexiona y escribe tus conclusiones:

¿Quién te enseñó a expresarte, a vivir libre y feliz? Por otro la­do, ¿quién te enseñó que el camino hacia la felicidad era ser aprobado y aceptado por la sociedad?

 

Para tu inspiración

 

 

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IDENTIDAD

 

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; pues sin mí no podéis hacer nada.

Jn 15, 5

 

Pensamientos

 

La pregunta más importante del mundo, base de todo acto maduro, es: ¿Yo quién soy? Porque, sin conocerte, no puedes conocer ni a Dios. Conocerte a ti mismo es fundamental.

Hay una cosa dentro de nosotros que es preciosa. Una perla preciosa. Un tesoro. El Reino de Dios está dentro de nosotros. ¡Si al menos descubriésemos eso!

Para despertarse, el único camino es la observación. El irse observando uno a sí mismo, sus reacciones, sus hábitos y la razón de por qué responde así. Observarse sin críticas, sin justificaciones ni sentido de culpabilidad ni miedo a descubrir la verdad; es conocerse a fondo.

Si tienes problemas es que estás dormido. La vida no es problemática. Es el yo (la mente humana) el que crea los problemas.

Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes comenzar a construir con realidad.

El yo no está bien ni mal, no es bello ni feo, inteligente ni estúpido. El yo es, simplemente. Indescriptible, como el espíritu. Todas las cosas —como tus sentimientos, pensamientos y células— vienen y van. No te identifiques con ninguna de ellas. El yo no es ninguna de ellas.

La espiritualidad es, en verdad, una cuestión de ser quienes somos, de transformarnos en lo que somos, de ver quiénes somos.

Lo que llamas yo no eres tú, ni eres tampoco tu parentela, ni tu padre ni tu madre, porque eres hijo de la vida.

La espiritualidad es la que intenta solucionarte. Busca solucionar el problema del yo, que es el que está generando los problemas que te llevan al psicólogo y al psiquiatra. La espiritualidad va directamente a la raíz, a rescatar tu yo, el auténtico, que está ahogado por barreras que no lo dejan ser libremente.

Si sintieses o mirases, o te sentases y tomases contacto contigo mismo, llegarías al silencio, y las cosas te serían reveladas.

Cuidar de ti mismo es una actitud egoísta y autosuficiente, pero cristiana en su origen y saludable en sus resultados. Aprende a vivir en forma plena, humana y feliz cada día. La actitud verdaderamente humana es aprender a nadar, y no ahogarte con tu amigo.

La vida es muy importante para ser desperdiciada en el ansia de ser rico, famoso o de buena presencia, popular, bello; o en el pavor de ser pobre, desconocido, ignorado o feo. Estas cosas pierden importancia como si fuesen guijarros alrededor de un diamante fulgurante. Tú, tu verdadero yo, siempre fue y será un diamante. El valor de tu vida es incalculable.

Cuando desistimos de existir mecánicamente, dejamos de ser marionetas. ¿Cómo podremos tener una vida espiritual si no estamos vivos? ¿Cómo ser discípulos de Jesús, si somos seres mecanizados, marionetas?

Para ser como Jesús, has de ser tú mismo, sin copiar a nadie, pues todo lo auténtico es lo real, como real era Jesús.

Nadie más podrá mantener tu yo fuera de ti y decir: "Mejórese, sométase, obedezca, y le daré su propio yo." Ya no crees en que otro tenga el poder de darte tu propio yo, ni de tomarlo de ti. ¿Sabes lo que significa no sentirse nunca más molesto ni receloso? Esto es una perla de inestimable valor.

Santa Teresa dijo que Dios le concedió el don de desidentificarse de sí misma y poder ver las cosas desde afuera. Éste es un gran don pues el único obstáculo y raíz de todo problema es el yo.

Vivir desidentificados es vivir sin apegos, olvidados del ego, que es el que genera egoísmos, deseos y celos, y por el cual entran todos los conflictos.

La paz no es necesariamente destruida por la disputa o la discusión.

 

Ejercicios

 

• Repite: "Yo no soy nunca la imagen que tengo de mí mismo ni la que tienen los demás de mí. Yo soy, y el ser no cabe en nin­guna imagen porque las trasciende todas."

• Repite: "Yo no soy esto ni aquello. Suceda lo que suceda, no perderé mi verdadero yo."

• Imagina que Jesús está de pie delante de ti y que te dirige una de aquellas frases tan amorosas del Evangelio. Contén la reac­ción y, cuando no puedas más, habla con Él. ¿Qué te diría?

 

Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis realmente discípulos míos, entenderéis la verdad y la verdad os hará libres.             Jn 8, 31-32

Sed pues perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto.              Mt 5, 48

¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!               Lc 11,28

 

• Repite: "Yo no soy nada de lo que creo ser: mis cosas, mi cuer­po, mis sentimientos. Mi yo es indefinible porque no hay nada que lo defina."

• Verse representado en una estatua. Imaginar que en una sala oscura se ilumina poco a poco la imagen. Tomar conciencia de cómo uno se ve a sí mismo. Dialogar con Cristo.

 

Reflexiones

 

• El hombre se afana en descubrir a Dios, pero no se afana en descubrirse a sí mismo. ¿Cómo es ese hombre que busca a Dios? ¿Cómo eres tú?

• Todo cambio auténtico se efectúa sin esfuerzo alguno. La per­sona humana tiene unas energías fabulosas en reserva, para cuando necesita ponerlas en marcha. ¿Qué cambios harías en tu vida?

 

• Para tu inspiración •

 

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