LO MEJOR DE ANTHONY DE MELLO (1ra. parte)

 

LO MEJOR DE

ANTHONY DE MELLO

 

 

 

 

Sólo hay una necesidad:

esa necesidad es amar.

Cuando alguien descubre eso,

es transformado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANTHONY DE MELLO

 

Nació en Bombay en 1931 y murió en Nueva York en 1987.

En vida, y más aún desde su prematura muerte, ha sido célebre en el mundo de habla inglesa y española por sus libros espirituales y sus cursos, conferencias y ejercicios sobre liberación interior.

Sacerdote jesuita, toda su obra se consagró a lograr una enriquecedora síntesis entre la espiritualidad de Occidente y la de Oriente, superando falsas antinomias. Quiso arribar a un equilibrio entre racionalismo y misticismo que resultara en beneficio de la plenitud vital y del encuentro definitivo con el único Dios.

 

Los textos de este libro han sido extraídos de las siguientes obras de Anthony de Mello:

o Autoliberación interior

o Caminar sobre las aguas

o Práctica de la oración

o Rompe el ídolo

 

DAR EL CORAZÓN A LA VIDA

 

La polución propagandística no favorece la paz soñada, que brota, como fruto maduro, de los caminos auténticos de la vida. Nuestro mundo actual rebosa de estímulos engañosos, que golpean dolorosamente a los incautos y engañan hasta a los bien intencionados. Seduce a las personas con el espejismo de quimeras inconsistentes y de dudoso contenido. Las desvía del centro dinámico de su interioridad y las sacia con bocados azucarados de escaso valor alimenticio. Y la persona, lejos de encontrarse con los anhelos profundos de su mundo más verdadero, se pierde en las arenas movedizas y atormentadas de su propio yo.

 Allí, ávidamente, goza de los dividendos fáciles de conquistas deslumbrantes, pero acaba arrastrándose y haciéndose sorda a las llamadas más íntimas que le vienen de su mundo más hondo. En vez de responder a ellas y de vivir lo que es, se contenta con la careta que le hace tan sólo parecer que es. Vive pendiente de la última moda, vagabundeando, sin una orientación personalizada, sin un compromiso engrandecedor, esclavizada por las propagandas consumistas que sólo la satisfacen por el momento, sin darle un rumbo claro y seguro.

Pero nosotros somos realmente más, mucho más que esas lentejuelas con que el mundo nos reviste. Deseamos más, mucho más que esta posición social a que nos aferramos y que se nos reconoce. Somos un reino infinitamente rico y di­vinamente fascinante, que todavía está por conquistar. Para ello es preciso armarse de coraje y atreverse a ser grande, enfrentándose con las mentiras tentadoras que impiden el acceso a la intimidad del corazón.

Y, principalmente, es preciso darle el corazón a la vida, en vez de pretender el corazón de ella. Fuimos hechos y existimos, no para aprisionar corazones, sino para liberar el nuestro.

Bernard Shaw dijo, en cierta ocasión, que todos somos re­yes, con la desgracia de que vivimos fuera de nuestro reino. Porque no somos dueños de nuestro corazón, no podemos dárselo a nadie. Y ésta es la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias.

Neylor J. Tonin

autor de “Historias de Sabiduría y Sabiduría de la A a la Z”

 

AMOR

 

Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy un metal estridente o un platillo estruendoso.

Aunque posea el don de la profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.

1 Co 13, 1-2

 

 

  Pensamientos •

 

Todos cambiamos en presencia del amor, aun cuando el amor puede ser muy duro.

No olvidemos que la respuesta del amor es siempre la que el otro necesita, porque el amor verdadero es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro.

"Haced lo que os digo", dice Jesús. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.

Hay un proverbio chino que dice:

"Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría, y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor."

Ser transformado en amor, eso es amar a Dios.

¿Qué mérito tendrías si saludases tan sólo a los que te saludan? ¿Y si amases tan sólo a los que te aman? Tú tienes que ser amor total, como el Padre celestial es todo amor.

Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer sin ellos. Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer con ellos.

¡Sólo hay una necesidad! Esa necesidad es amar. Cuando alguien descubre eso, es transformado. Cuando la vida se vuelve oración… la espiritualidad se traslada a nuestros actos.

Cuando sabes amar es señal de que has llegado a percibir a las personas como semejantes a ti. Nadie hay mejor ni peor que tú.

El amor de verdad es un estado de sensibilidad que te capacita para abrirte a todas las personas y a la vida.

Tú no puedes exigir a nadie que te quiera, pero en cuanto no seas exigente y sueltes los apegos, podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, sin exigirte nada, y comenzarás a saber lo que es amor.

Cuando amas de verdad a una persona, ese amor despierta el amor a tu alrededor. Te sensibiliza para amar y comienzas a descubrir belleza y amor en todo.

Somos analfabetos en la expresión de sentimientos.

Hasta que no veas inocentes a las personas, no sabrás amar como Jesús.

El amor es: yo estoy de tu lado, no estoy en contra de ti.

El amor de verdad es algo no personal, pues se ama cuando el yo programado no existe ya.

El que ama, termina siempre por vivir en el mundo del amor, porque los demás no tienen más remedio que reaccionar por lo que él los impacta.

Amar es como oír una sinfonía. Ser sensible a toda esa sinfonía. Significa tener un corazón sensible a todos y a todo.

Dios es Padre, pero un buen padre que ama en libertad, y quiere y propicia que su hijo crezca en fuerza, sabiduría y amor.

El egoísmo es exigir que el otro haga lo que tú quieras. El dejar que cada uno haga lo que quiera es amor. En el amor no puede haber exigencias ni chantajes.

El amor desinteresado existe, es el único al que se puede dar el nombre de amor.

Amar significa ver al otro claramente como es.

El amor no es deseo, no es fijación. Apasionarse es el exacto opuesto al amor.

Cada uno va buscándose a sí mismo, porque si no nos encontramos a nosotros mismos, no podremos salir hacia los demás.

 

Ejercicios

 

• Ponte en contacto con Cristo. Imagínate a ti mismo inundado con su Vida, Luz y Poder.

• Con la imaginación, coloca las manos sobre cada persona a la que amas. Habita en cada individuo.

• Pide que el amor de Cristo descienda sobre él, sin palabras. Míralo iluminado con la vida y el amor de Cristo. Míralo trans­formado.

Ve cada sentido, cada miembro, cada facultad inundados con la Presencia y el Poder de Jesús.

• Derrama esta unción sobre cada una de las personas por las cuales quieres orar… sobre los enfermos.

• Ve a cada uno de ellos iluminarse con el Poder de Jesús.

• Haz esto mismo por las casas, por las comunidades.

 

  Reflexiones •

 

• ¿Tú ya has tenido la experiencia de que somos millones de per­sonas en un solo Cristo?

• Sólo en la libertad se ama. Cuando amas la vida, la realidad, con todas tus fuerzas, amas mucho más libremente a las perso­nas.

 

 Para tu inspiración

 

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DESEOS

 

Basta que busquéis el reinado de Él y lo demás os lo darán por añadidura.

Lc 12, 31

 

Pensamientos

 

Hay un deseo común, que es el cumplimiento de lo que se cree que va a dar felicidad al yo, al ego. Ese deseo es apego, porque ponemos en él la seguridad, la certeza de la felicidad.

Es el miedo el que nos hace desear agarrar con las manos la felicidad, y ella no se deja agarrar. Ella es. Esto sólo lo descubrimos observando, bien despiertos, viendo cuándo nos mueven los miedos y cuándo nuestras motivaciones son reales. Si nos aferramos a los deseos, es señal de que hay apego.

El apego habrá perdido la batalla cuando lo descubras, y ya no tendrá el poder que la inconciencia le daba. Tú mandarás sobre él.

La aprobación, el éxito, la alabanza, la valoración, son las drogas con las que nos ha hecho drogadictos la sociedad, y al no tenerlas siempre, el sufrimiento es terrible.

El día en que entres de pleno en tu realidad, el día en que ya no te resistas a ver las cosas como son, se te irán deshaciendo tus ceguedades. Puede que aún sigas teniendo deseos y apegos, pero ya no te engañarás.

La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no conseguirla.

El estar despierto y mirar sin engaños no quiere decir que desaparezca tu programación, sino que allí estará, pero la verás claramente, y al apego lo llamarás apego, y a lo que creías amor lo llamarás egoísmo.

No existe necesidad de ser popular. No existe necesidad de ser amado o aceptado. No existe necesidad de estar en posición de relevancia o de ser importante. Éstas no son necesidades humanas básicas. Son deseos que nacen del ego —el yo condicionado—, del mío. Algo profundamente incrustado en ti. Tu yo no tiene interés en estas cosas. Él ya tiene todo lo que necesita para ser feliz. Todo lo que necesitas es concientizarte de tus apegos, de las ilusiones que esas cosas son, y estarás en camino hacia la libertad.

Las cosas son lo que son. No son mías, tuyas o de él. Esto es una mera convención entre nosotros.

No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aún a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar.

Cuando un arquero dispara simplemente por deporte, aplica toda su destreza. Cuando apunta hacia un premio de oro, queda ciego, pierde la razón, ve dos blancos.

Su habilidad no cambió, pero sí el premio. Se preocupa más por vencer que por tirar. Y la necesidad de ganar lo vació de poder. La ambición quita poder.

La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello, cuando algo se interpone, la oscurece, y sufres por miedo a perderla. Te sientes mal, porque ansías aquello que eres. Es el apego a las cosas que crees que te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir.

Lo malo es que la mayoría equipara la felicidad con conseguir el objeto de su apego, y no quiere saber que la felicidad está precisamente en la ausencia de los apegos, y en no estar sometido al poder de ninguna persona o cosa.

Si buscas ser feliz, procura no perseguir tus deseos, porque ellos no son respuesta para tu vida. Para ser feliz, abandona tus deseos o transfórmalos, entendiendo preferentemente su limitado valor. La realización de los deseos trae alivio y bienestar, no felicidad.

La raíz de todo sufrimiento es el apegarse, el apoderarse. Apegarse no es más que proyectar el ego, el mío sobre alguna cosa. Tan pronto como proyectas el yo en algo, el apego se instala.

Cuando retiramos lentamente las palabras "yo, mío, a mí" de nuestras propiedades, campos, ropas, sociedad, congregación, país, religión, de nuestro cuerpo, de nuestra personalidad, el resultado es liberación, libertad. Cuando no hay yo, las cosas son lo que son. Dejas que la vida sea vida.

Tú no tienes que impresionar a nadie, nunca más. Estás completamente cómodo con todo el mundo, no deseas nunca más nada de nadie. El no cumplimiento de tus deseos no te hace infeliz.

Si comprendieses tus deberes, apegos, atracciones, obsesiones, predilecciones, inclinaciones, y si te desprendieses de todo eso, el amor aparecería.

 

  Ejercicios •

 

• Piensa en algo que desees intensamente. Examina esos deseos uno por uno y pregúntate: "¿No sería maravilloso que yo pu­diese ser feliz, se realizasen o no esos deseos?"

• Haz una lista de deseos. Considera uno por vez. Pregúntate:

¿Cómo trato de satisfacer este deseo?

• Imagina que estás en el Cielo. O en la prisión…

Valora el sentido de la vista, la salud, la libertad, la amistad. O, incluso, insignificancias como el agua corriente, la luz eléc­trica, las sábanas de la cama.

• ¿Qué hacer si se es víctima de la ambición?

Ponte en presencia de Dios, haz un acto de fe en que el futu­ro está en manos de Él.

Di: "Señor, confío en que tienes el control del futuro, voy a ha­cer todo lo que está a mi alcance para realizar mis sueños, pe­ro dejo el resultado en tus manos." Después, agradece por el resultado de tu actitud. Esto te traerá paz y libertad.

• Imagina una visita al médico en la que recibes el anuncio de que tienes sólo dos meses más de vida. ¿Con quién hablar? ¿A dónde ir? ¿Qué hacer? De noche, frente a Cristo, en la capilla. Redacta una carta a tu director espiritual.

 

Reflexiones

 

• El hombre en el mundo moderno es demasiado egocéntrico. Haz una lista de tantos deseos como sea posible, de tantos pro­blemas como sea posible. ¿Dónde encaja Dios y la búsqueda de Él en la lista?

• El gran enemigo de la paz: un corazón apegado, endurecido y egoísta.

 

Para tu inspiración

 

 

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